TESTIMONIO DE LA CRISIS



La crisis que nos toca vivir nos tiene que hacer reflexionar. Sobre todo a los que tienen en su mano aportar soluciones que en ningún caso pueden perder la perspectiva humanitaria. Las aristas que presenta son tantas y tan dolorosas que vértigo asomarse a las caras de decenas de miles de personas que la padecen en sus propias vidas.

Todos hemos de contribuir en la medida de nuestras posibilidades a paliar los efectos que está causando en los más vulnerables.

Cierto es que los recortes a los que se ve obligado el gobierno son necesarios para poder superarla en el menor espacio de tiempo posible, pero se pueden y deben racionalizar aspectos en lo referente a los más necesitados. Los ciudadanos de a pie vemos situaciones que nos cuesta entender en lo relacionado con el gasto público y, desde luego, no entendemos determinados sacrificios que han de hacer colectivos que en nada han contribuido a la situación actual.Tenemos que empezar a poner las cosas en su sitio.

No es intención hacer de esta entrada una crítica al sistema. Tan sólo pretendo dejar un testimonio de la crisis, un duro testimonio de una persona desesperada. Llegó a mi a través de la red y después de escucharlo varias veces he decidido compartirlo.

Ojalá alguien pueda ayudarle a recuperar la dignidad perdida. Sólo quiere trabajar y se hace simple pregunta ¿De qué voy a vivir?

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