MADRE CORAJE


Hace unos días los medios de comunicación descubrieron una nueva “madre coraje". Cristina Ponce, con dos narices, se puso montar acciones de recaudación de fondos tradicionales (rifas, meriendas,...) para que se volviese a contratar a una científica que estaba llevando a cabo una investigación sobre la diabetes que afectaba a su hija. Recaudó 7.000 euros y consiguió que Silvia, la científica, pudiese volver a su trabajo, al menos por 6 meses más. Esto es lo que se llama en el argot: "micro campaña de captación de fondos finalista".

Más concretamente lo que pasó fue que 14 investigaciones llevadas a cabo en el Centro de Investigación Príncipe Felipe de Valencia (CIPF) se veían interrumpidas por un ERE que afectaba a 114 personas entre científicos y técnicos de apoyo, algunas relacionadas con el cáncer. Casi nada!

Para cualquier fundraiser que se precie y pueda y tenga tiempo, este proyecto es uno de los más potentes de cuantos he podido tener en mi radar en los últimos tiempos. Montar un proyecto de captación para"micromecenas" que apoyen el mantenimiento de los proyectos de investigación del CIPF. Con el tirón mediático y la fuerza del mensaje a transmitir el camino sería mucho más llevadero.

Hoy mismo en El Mundo reaparecía la noticia. Amelia una ex empleada de hogar , al conocer el caso de Cristina decide aportar 18 euros mensuales al sostenimiento de los investigadores del CIPF, para que nuestros jóvenes valores puedan seguir investigando y no tengan que emigrar por falta de oportunidades y al mismo tiempo no se paralicen trabajos científicos de gran utilidad humanitaria.

Ignoro las causas que ha llevado al CIPF a ese ERE, quiero pensar que los gestores no fueron capaces de sacar adelante la financiación necesaria para mantener los proyectos. Lo que está claro es que en este país investigar no es un camino de rosas y que nos falta cultura de mecenazgo, quizás atenazada por una ley laxa, que burocratiza y limita los procesos de financiación y que además fomenta el uso de fundaciones para fines más ligados con el beneficio fiscal de sus promotores que con la causa fundacional que ponen en los estatutos.

¿Puede un ente como el CIPF poner en marcha un programa de mecenazgo que se dirija con precisión milimétrica presupuestaria a un fin concreto? ¿Puede solicitar el apoyo de la población para que con pequeñas aportaciones de particulares se financien proyectos como pretendió Cristina Ponce?

¡Claro que se puede! En países de nuestro entorno, principalmente anglosajones, está al orden del día la financiación de proyectos a través de aportaciones de particulares. Desde campañas políticas a mantenimiento de museos, pasando por la construcción de un parque infantil, las campañas de fundraising gozan de un altísimo prestigio y son un pilar más en la consolidación del estado del bienestar.

La crisis que estamos sufriendo, en la que el déficit público es un problema, nos debe hacer reflexionar. El Estado no puede financiarlo todo. Básicamente porque no sabe. Hace falta que la sociedad civil se implique de manera activa en su sostenimiento para aquellos ámbitos que crean importantes para su satisfacción personal, impulsando el desarrollo de normativa que lo fomente de manera efectiva. 

El Estado debería de apoyar y facilitar estas iniciativas, porque quizás sea uno de los ámbitos de desarrollo económico-social que todavía le falta a nuestro país para colocarse a la cabeza del mundo desarrollado.

Que menor manera que seguir el camino iniciado por una "madre coraje" para impulsar esta iniciativa.




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