LA POLÍTICA DE VIVIENDA - A CORUÑA




La ley de la oferta y la demanda es, quizás, las más popular de cuantas utilizamos los economistas para explicar cosas, como los desbarajustes del mercado. Tampoco es para tanto, fue ponerle nombre a lo que cualquier mercader fenicio aplicaba: hay pocas especias y la gente las quiere, pues súbele el precio, hay mucha cantidad y va a sobrar, pues bájaselo o cómetela. 

El problema surge cuando, desde la política, se quiere simplificar este principio, casi universal, pensando que, como uno es muy listo y por eso le votaron, puede embridar ese caballo salvaje. Y no es tan sencillo.

Traigo el caso por la vivienda en la ciudad de A Coruña, que escasea y es cara, muy cara. Uno lee informes que explican que hay tropecientos pisos vacíos y deduce que no hacen falta más, que con los que están vacíos sería suficiente si somos capaces de "repartirlos". Entonces desde la "autoridad iluminada" se le empiezan a poner palos en las ruedas a promotores y constructores con ese discurso facilón de frenar al especulador.

Y bueno, ante la ausencia de obra nueva, bien podrían, desde el Ayuntamiento, fomentar la inversión en reforma, pero no; podrían, quizás, fomentar el alquiler bonificado, pero tampoco; podrían, entonces, hacer vivienda pública, la VPO de toda la vida, pero eso ya es una quimera; podrían comprar vivienda desde el Ayuntamiento... bueno, mejor esto lo dejamos, que ya sabemos como acabó el último concurso de compra de viviendas en la ciudad.

Entonces ¿Qué pasa? Pues que estas leyes fundamentales de la economía, tan fáciles de entender, se empiezan a complicar y de repente tienen vida propia, ajena a la lógica y sentido común. Hay muchas casas sí, pero en mal estado, o carísimas, o quien las posee no las quiere alquilar, o son fruto de una herencia y hay lío familiar, o alguien tiene dos pisos porque quiere y los usa a su manera, o tiene tres y espera por sus tres hijos, o... veinte incidencias más.

Resultado: La oferta de vivienda está constreñida y la demanda desilusionada, lo que nos da una ciudad sin vivienda asequible, ni para jóvenes, ni para familias que se quieran establecer en ella, con alquileres por las nubes y un deterioro notable de un elemento crítico en toda ciudad que quiera prosperar: "Tener capacidad de acogimiento, que la ciudad pueda ofrecer, a quien en ella se quiera establecer, sea local o de fuera, una vivienda digna y en buenas condiciones".

Como colofón a este despropósito, el sector de la construcción las está pasando canutas, hace ya muchos años. A alguien se le olvidó que es un sector básico para que otros funcionen, porque la economía es así, está conectada, es circular... En fin, todo un desatino. Un muy mal negocio para el futuro de todos.

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