EL TRIÁNGULO DE LA DESESPERANZA

Perdón por la foto, sé que es dura. Kevin Carter ganó con ella el Pulitzer en 1994 y, tiempo después, presionado por la acusación de no salvar al niño, no pudo superarlo y se suicidó.

Os diré que la crónica periodística destaca que el niño fue recogido y no acabó en las garras de la alimaña, está vivo y se llama Kong Nyong.

Pero no penséis que este tipo de situaciones son de tiempos pasados. La magnitud de la tragedia que está ocasionando la hambruna que asola el cuerno de África es enorme. Cientos de miles de personas, principalmente ancianos (allí se es anciano con 40 años) y niños, se encuentran mortalmente atenazadas por uno de los jinetes del apocalipsis, el hambre.

Toda la tecnología del mundo, la tan manida globalización, la universalización de los medios de comunicación, nada han podido hacer para amainar su cabalgadura sobre las almas de los abandonados.

Que paradojas tan electrizantes. Por aquí todos preocupados por el  nuevo gobierno, la prima de riesgo y por el menú que pondremos en Navidad, todo ello adecuado al nivel de la crisis que nos abofetea. Allí,... allí ya ni se preocupan. No pueden, no tienen fuerzas, sólo respiran y anhelan que no les duela nada o que les duela menos. Comer ya no es ni un lujo, ni un deseo, es un sueño que les embarga en los momentos en que pueden dormir.

Desespera ver como somos inmunes a lo que allí está pasando. Rápidamente se contextualiza el drama como algo en medio de un conflicto bélico de unos señores de la guerra locales, "un problema de ellos". Cierto que las guerrillas locales provocan la situación con desprecio absoluto a sus pueblos, pero no es menos cierto que nosotros, occidente, puede liquidar el asunto con rapidez. Tanta palabrería y análisis socioeconómico y geoestratégico para concluir que la guerrilla debería de desarmarse ¡pero si la armamos nosotros! ¡Si nosotros somos los principales beneficiados de que se consuman armas!

Duele ver lo que está pasando. La desesperanza se adueña de nuestras conciencias. Quizás no lo percibimos, pero sin duda poco a poco la desafección por otros dramas humanos va calando en nuestro adn, que se transforma en rocoso con el paso del tiempo. 

No sé donde acabará todo esto. Quizás otra foto, ahora de una hiena esperando para devorar un niño abandonado, nos remueve levemente del sofá y algún dirigente político da un paso al frente. De momento parece que sólo nos preocupa lo nuestro, que no es que no sea importante, pero nunca ¡nunca! deberíamos cerrar nuestras conciencias como lo estamos haciendo.

Por respetar el tema del blog te enlazo 4 ong´s que trabajan en la zona con los más vulnerables. Puedes contribuir económicamente al sustento de sus operaciones humanitarias. Son serias y están implicadas. 


Aunque lo lamento, creo sinceramente que estamos narcotizados ante estos dramas como sociedad, y sin duda esta actitud nos pasará factura. Desde aquí pongo mi grano de arena para sensibilizar sobre la problemática.

Por mi parte le digo a los políticos que me representan que ¡hagan algo ya! Por favor. Esto nos afecta más que como país, como civilización, más de lo que algunos piensan. No podemos dejar que esté sucediendo y mucho diría en favor de España, de Europa, que se tomaran medidas de inmediato en el triángulo de la desesperanza.

   

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